El sitio donde hablaremos de frente sobre la historia y como nos desenvolvemos, con simpleza y simpatía, olvidando nuestro condicionamiento social (Advertencia: contiene comentarios sarcásticos que podrían dañar tu integridad intelectual al hacerte pensar)

1 de enero de 2012

“El Principito” de Maquiavelo (al estilo Felini, con un toque de Bukowski y una pisca de Cantinflas)

Deje un mes entre post y post, ¿mis razones? Simple y sencillamente quería descansar del atiborrante mundo de la palabra escrita, mucho trabajo por aquí y por allá, demasiado que leer y tan poco tiempo. Pero en fin, no es sitio para hablar de mis pasionales desencuentros con los videojuegos (si, los juego ¿algún problema?, anda que si no te gusta, ahí arriba en la ventana del explorador hay una “x” que podrías pulsar y terminar con tus males de intelectual exagerado).
¿De qué te sirve lo que sabes si con ello no logras ser feliz? Bueno esta pregunta me surgió hace algunas semanas a razón de una pequeña investigación que será la base de mi futuro documental  sobre el mercado (seguro que con eso logro el Oscar que me merezco), en mis andanzas cinéfilas me encontré con mi primer tropiezo de pre-producción, no, no me refiero a que Johnny Depp se haya negado a hacer la narración, ni mucho menos a que mi presupuesto oscila entre los 0 y los 15 pesos (moneda orgullosamente devaluada nacional), 2 chicles y una rondana, sino mas bien a algo más profundo y deplorable, algo tan oscuro solo equiparable con las cuentas del erario nacional (ok exagere eso es demasiado deplorable): la infalibilidad en el egoísmo del Historiador, ¿Qué porque desprestigio a mi siempre bien amada profesión? Por joder, simplemente por eso. Por que como critico dentro del mundo infrahumano de la Historia, puedo hablar con todo el derecho de hacerlo. Bueno iré al grano, todo comenzó una hermosa tarde de invierno, yo era joven y estúpido, había sido abandonado terriblemente por mi co-productora en la ardua tarea de recopilar información (en realidad me ayudo bastante, solo quería darle énfasis a mi status de pobre e indefenso niño al estilo Dickens),  así que me decidí a vagar por la ciudad intentando preparar las tomas para el story board, como atractivo visual pensé en los murales del palacio de gobierno, a la entrada un policía tosco  pero amable reviso mis pertenencias que se limitaban a mi cámara réflex y al ya antes mencionado presupuesto, después de una mentirilla piadosa acerca de mi lugar de origen proseguí a revisar el mural del mercado y tratar de interpretarlo con “mis vastos conocimientos sobre la Tlaxcala prehispánica” (sarcasmo), al ver mi ignorancia pregunte con el guía sobre el cronista de Tlaxcala, el cual muy amablemente me respondió con incordias para este ultimo y procedió a explicar con sus “vastos conocimientos sobre el tema” (eh esto del sarcasmo se está volviendo algo recurrente), cosa que me logro poner expectante pero siempre desconfiado, al final descubrí el porqué de mi sentir, pensé en alejarme y contárselo a quien mas confianza le tuviera, hasta que surgió, aquel momento que hace retumbar las tumbas de nuestros padres fundadores, que abogaron por una nación de igualdad y enseñanza gratuita: “¿Pues de a como nos vamos a arreglar joven?”, ¿era verdad lo que escuchaba? Me estaban cobrando por un servicio que no pedí y una información que se supone de origen es derecho de todos por ser mexicanos, pero no, el buen tipo no quiere, me cobraba la asombrosa cantidad de 100 pesos (cosas inviable ante mi presupuesto) tras confrontarme con él y ante la amenaza de hablar con el oficial de la entrada (en el que por supuesto influyo mi mentirilla de procedencia “extranjera”) me dejo ir con el corazón a mil y el coraje a flor de piel. ¿Porque que aprendemos algo si no lo hacemos con el afán de transmitirlo a los que no lo saben? Alguien sabio dijo: estudia mucho, así cuando mueras dejaras un cadáver culto, si lo que sabes no te ayuda a ser feliz y ayudar a los demás, entonces ¿que sabes?, el sujeto quizá siga poniéndole el pie a las personas y muera algún día con la sensación de que hizo lo que pudo, pero quizá jamás lo que debía. Si sabemos algo, debemos expresarlo y transmitirlo. 

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