Miles de años después de mi desaparición por estos lares, he decidido publicar algo, solo por no dejar, en realidad he decidido abrir otro blogg con un contenido bastante alejado de estas temáticas, si bien no dejare de publicar con regularidad (aka cuando se me hinche mi regalada gana), creo que tomare una actitud un poco diferente, ante la enorme oleada de seguidores, visitas y demás, ademas de mi sarcasmo compulsivo que se hace presente en frases como la anterior, ademas del conocimiento que esto era mas que obvio que esto pasaría, estoy aquí mas por gusto hacia mis propias letras, de manera que poco me importa si alguien lee o solo se topo con este espacio por mera casualidad, dando la media vuelta o mejor dicho, dando el clic al icono de volver, para olvidarse de sitios como este para el resto de sus vidas. Una avalancha convulsa de presiones y una serie de hechos desafortunados me dejaron como un pelele ante la vida, sin tener ni la menor idea de que carajo estoy haciendo y mucho menos de que sera de mi pasando los años. Pero a todo esto que importa al afable lector de revistas de espectáculos semanales y que si tengo suerte habrá llegado hasta esta linea, pues simplemente que llegue a la terrible conclusión de lo inútil en que la sociedad convierte al interesado en los temas de las ciencias sociales como la historia, si mas bien a la mayoría le aburre o en el mejor de los escenarios le vale un reverendo pepino, así es señoras y señores, la historia para la sociedad tiene la misma función que la pus tiene en el cuerpo humano. No me gusta ser derrotista ni mucho menos, pero al caso, lo que me importan las opiniones, pero cuando te das cuenta que algo se perdió en ti y que tu trabajo es para unos cuantos, mientras los poderosos que se encargan de amasar riquezas y producir, no importando un carajo que en sus cabezas viva un simio que ve televisión y maneja un mustang, olvidando partirse la cabeza con un buen libro, llegando leer solo las instrucciones de su caja de herramientas.
Volveré a escribir algún día, cuando tenga algo bueno que decir o de que quejarme, que para el caso nadie va a leer.